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Senda del Arcediano

La Senda del Arcediano: el camino que unió Asturias y León

Hay caminos que sirven para ir de un sitio a otro y caminos que, además, cuentan una historia. La Senda del Arcediano pertenece claramente al segundo grupo.

Hoy podemos recorrerla con botas de montaña, mochila ligera y un teléfono móvil que nos dice dónde estamos en todo momento. Durante siglos, sin embargo, este camino fue una de las principales vías de comunicación entre Asturias y la Meseta. Por aquí pasaban arrieros, comerciantes, pastores y viajeros, llevando mercancías de una vertiente a otra de los Picos de Europa.

Y lo hacían sin GPS, sin cobertura y sin la posibilidad de consultar en internet si quedaban «solo 500 metros de subida». Tampoco había bar al final para recuperar fuerzas. Aquella gente estaba hecha de otra pasta.

La Senda del Arcediano atraviesa uno de los paisajes más espectaculares del entorno de los Picos de Europa y comunica históricamente Soto de Sajambre, en León, con Amieva, en Asturias, atravesando el puerto de Beza y las montañas que separan ambas comunidades. El recorrido actual que suele realizarse entre Soto y Amieva tiene unos 15-16 kilómetros y es exigente, aunque el camino histórico completo era mucho más largo y se extendía hacia el puerto del Pontón.

Pero para entender por qué este sendero existe y por qué tuvo tanta importancia hay que retroceder muchos siglos.

Por cierto, en Asturian Ways te ofrecemos recorrer el tramo entre Amieva y Soto de Sajambre en nuestra Escapada de fin de semana a la Senda del Arcediano.

Un camino muy antiguo

El origen de la Senda del Arcediano se pierde en el tiempo. Con frecuencia se la relaciona con una antigua vía romana, aunque conviene hablar de una posible relación con las comunicaciones romanas y no afirmar que todo el trazado actual sea una calzada romana perfectamente identificada.

Lo que sí está documentado es que en el año 973 aparece mencionada una vía relacionada con Sajambre. Es decir, hace más de mil años ya existía aquí un camino utilizado para comunicar las tierras de la vertiente leonesa con Asturias y la Meseta.

La razón de su importancia resulta bastante sencilla: atravesar los Picos de Europa por determinados pasos elevados podía ser más práctico que enfrentarse directamente a algunos de los desfiladeros más abruptos de la zona.

Hoy nos sorprende que un camino pueda subir hasta más de 1.500 metros para conectar dos lugares relativamente cercanos. Pero antes de las carreteras modernas, los montañeses conocían perfectamente los pasos naturales que permitían cruzar las montañas.

Y así fue como la senda se convirtió en una auténtica carretera de montaña.

Una carretera sin asfalto, claro. Pero carretera al fin y al cabo.

De Asturias a Castilla y de Castilla a Asturias

Durante siglos, la Senda tuvo una función fundamentalmente económica.

Los habitantes de Sajambre practicaban la arriería, transportando mercancías hacia los pueblos de la Meseta. Esta actividad recibió el nombre de «ir a Campos». Desde las montañas salían productos elaborados localmente, especialmente objetos e instrumentos de madera, mientras que desde Castilla llegaban productos imprescindibles como el trigo y el vino.

También se transportaba almagre, un pigmento rojizo utilizado tradicionalmente, lo que explica que la ruta recibiera en algunos momentos el nombre de Camín del Almagre.

Para estos largos desplazamientos se utilizaban caballerías y, en el sector de Sajambre, llegó a desarrollarse incluso un modelo de carro específico, el denominado carro de Campos, que incorporaba un pequeño espacio para guardar las provisiones.

Porque si hoy nos quejamos cuando una ruta no tiene un restaurante a mitad de camino, imaginemos lo que debía de ser atravesar estas montañas durante horas con un carro cargado y tener que llevar además la comida.

La Senda tenía incluso lugares destinados a acoger a viajeros y animales. Entre ellos destacaban las antiguas alberguerías del Pontón y de Sabugo, esta última vinculada a Amieva.

El Arcediano que dio nombre al camino

La denominación actual procede de Pedro Díaz de Oseja, natural de Sajambre y arcediano de Villaviciosa.

En el siglo XVII, Pedro Díaz de Oseja dejó dispuesto en su testamento que se destinasen recursos para el mantenimiento y reparación del camino. Su vinculación con Sajambre y su preocupación por conservar esta vía hicieron que, con el tiempo, el camino pasara a ser conocido popularmente como Senda del Arcediano.

La tradición popular añadió después una historia mucho más romántica. Según la leyenda, Pedro Díaz habría sido enviado de joven a Castilla y, tras prosperar y alcanzar una posición importante, habría regresado convertido en arcediano y habría querido mejorar el camino que comunicaba su tierra natal.

La historia es bonita, aunque conviene separar la tradición de los datos documentales. Lo que sí sabemos es que su testamento dejó dinero para conservar una vía que llevaba siglos siendo fundamental para Sajambre y Amieva.

De Soto de Sajambre hacia Amieva

El tramo más interesante para quien quiera conocer la Senda desde el punto de vista histórico y paisajístico es el que une Soto de Sajambre con Amieva.

Es una ruta lineal, de montaña y bastante exigente. Turismo Asturias cifra el recorrido entre ambos pueblos en unos 15,7 kilómetros, con más de 1.000 metros de descenso acumulado en dirección Soto-Amieva.

El camino comienza en Soto de Sajambre, uno de esos pueblos que producen la sensación de encontrarse en un lugar remoto incluso en pleno siglo XXI.

El valle está rodeado por enormes montañas y conserva una interesante arquitectura tradicional. Aquí encontramos también la antigua escuela construida gracias a Félix de Martino, uno de los indianos más conocidos de Sajambre.

Pero la historia de Félix de Martino merece un capítulo breve, no una novela.

Soto de Sajambre y Félix de Martino

Félix de Martino nació en Soto de Sajambre en 1859 y emigró primero a Huelva y después a México, donde hizo fortuna como empresario.

Como ocurrió con otros indianos, decidió invertir parte de su riqueza en su pueblo natal. Pero su gran proyecto no fue construir una mansión para pasar el verano, sino algo bastante más útil: una escuela.

El edificio, inaugurado en 1907, fue equipado con material educativo extraordinariamente avanzado para un pueblo de montaña de comienzos del siglo XX. Contaba con biblioteca, instrumentos científicos, mapas y material para la enseñanza de distintas materias.

Félix de Martino contó además con el maestro Leonardo Barriada, que desarrolló allí un proyecto educativo de carácter innovador para la época.

La escuela funcionó durante décadas y permaneció abierta hasta 1975. Hoy constituye uno de los elementos patrimoniales más interesantes de Soto.

Y hay una pequeña lección detrás de todo esto: mientras la Senda del Arcediano había servido durante siglos para traer mercancías y sacar productos de la montaña, Félix de Martino intentó que por Soto entrara otra cosa mucho más importante: educación y oportunidades.

Hacia el puerto de Beza

Abandonamos Soto y el camino comienza a ganar altura en dirección al puerto de Beza, atravesando antiguos caminos empedrados, bosques, majadas y zonas de pastoreo.

Es precisamente aquí donde empieza a comprenderse la lógica de la antigua ruta.

El sendero no busca el camino más corto, sino el más viable para atravesar la montaña. Los antiguos caminantes conocían perfectamente las posibilidades del terreno y utilizaban collados y pasos naturales.

En el recorrido aparecen lugares como Sabugo, antigua majada vinculada a Amieva. Allí existieron una capilla y una alberguería destinadas a los caminantes y a los animales de la arriería. Parte de las construcciones actuales reutiliza incluso piedras procedentes de aquellas edificaciones desaparecidas.

Después aparecen los pastos de altura y las montañas de los Picos de Europa.

El paisaje cambia continuamente: hayedos, praderías, zonas de matorral, roca caliza y grandes panorámicas sobre el valle del Dobra.

Y llega uno de los puntos fundamentales de la ruta: la Portilla de Beza, frontera histórica entre León y Asturias.

Aquí uno tiene la sensación de que la montaña ha decidido hacer de frontera administrativa. No hay aduana, naturalmente. Ni barrera. Ni señor con uniforme preguntando si llevas algo que declarar.

Solo hay montaña.

Toneyu: una montaña llena de agua por dentro

En el tramo asturiano adquiere especial protagonismo el entorno de Toneyu, un lugar de extraordinario interés geológico.

Bajo estas montañas existe una compleja red de cavidades excavadas por el agua en la roca caliza. El sistema del Toneyu alcanza una profundidad considerable y constituye uno de los fenómenos kársticos más interesantes de esta zona de los Picos de Europa. Turismo Asturias lo considera además un espacio de gran valor natural.

La paradoja resulta curiosa: caminamos por una montaña que parece completamente sólida, mientras bajo nuestros pies existe todo un mundo de galerías y cavidades.

La montaña, como suele ocurrir en los Picos, tiene más pisos que una casa de Oviedo.

Entrando en Amieva

Desde la Portilla de Beza comienza el descenso hacia el territorio asturiano.

El paisaje va cambiando poco a poco. Aparecen las majadas de montaña y, más adelante, los caminos que conducen hacia el valle de Angón y Amieva.

El concejo de Amieva ocupa un territorio montañoso en el extremo oriental de Asturias, entre el valle del Sella, el Dobra y las grandes montañas de los Picos de Europa.

Su historia también está vinculada desde muy antiguo a las comunicaciones entre Asturias y la Meseta. La documentación medieval recoge vías de comunicación que atravesaban este territorio y relaciona la zona con los pasos hacia León.

Por tanto, Amieva no era simplemente el lugar donde terminaba la Senda del Arcediano. Era una pieza más de toda una red de caminos que conectaba las comunidades de ambas vertientes.

El recorrido histórico puede seguirse desde la zona de Angón, ascendiendo hacia las majadas de Cueries, Saúgu y Toneyu y llegando finalmente a la Portilla de Beza. La ruta atraviesa algunos de los paisajes más característicos del extremo occidental de los Picos de Europa, con el Canto Cabronero, Valdepino y las montañas que rodean el valle del Dobra dominando buena parte del horizonte.

Amieva y el valle del Dobra

Una de las grandes sorpresas del tramo asturiano es precisamente el entorno del Dobra.

El río ha excavado profundamente las montañas y forma un paisaje de enorme fuerza. Desde los caminos de la Senda se contemplan las gargantas, bosques y paredes calizas que caracterizan esta parte de los Picos.

El valle de Angón constituye además un punto fundamental para comprender la relación entre la Senda del Arcediano y otras rutas históricas y ganaderas de la zona.

Desde Amieva se accede al collado de Angón y desde allí el camino comienza a ganar altura hacia las majadas. Turismo Asturias describe este sector como un recorrido de pastos y calizas en el que destacan las vistas hacia el Canto Cabronero, el valle de Angón y las grandes paredes del macizo del Cornión.

Y es probablemente aquí donde la ruta alcanza uno de sus momentos más espectaculares: después de caminar durante siglos entre bosques y majadas, el paisaje se abre y aparecen las grandes montañas.

Un camino que dejó de ser carretera

La historia de la Senda cambió radicalmente a finales del siglo XIX.

La construcción de la carretera de Los Beyos hacia el Pontón proporcionó una comunicación mucho más cómoda entre Asturias y León. Poco a poco, los carros y las caballerías dejaron de utilizar el antiguo camino como principal vía comercial.

La Senda perdió así su función económica y quedó relegada a un papel más local, ganadero y tradicional.

Pero esa pérdida de importancia tuvo también una consecuencia inesperada: el viejo camino sobrevivió.

Hoy podemos recorrer muchos de sus tramos prácticamente como lo hicieron quienes lo utilizaron durante siglos.

Mucho más que una ruta de senderismo

Caminar actualmente desde Soto de Sajambre hasta Amieva supone atravesar una pequeña parte de la historia de las comunicaciones de la Cordillera Cantábrica.

No estamos simplemente siguiendo un sendero señalizado.

Estamos recorriendo el camino que utilizaron los arrieros para llevar mercancías hacia Castilla, el paso que permitió a los habitantes de Sajambre comunicarse con Asturias y el camino que durante siglos conectó dos territorios separados por una de las cordilleras más espectaculares de España.

Y cada lugar aporta una pieza diferente.

Soto de Sajambre representa la vida tradicional del valle y su transformación durante el siglo XX.

Félix de Martino simboliza la emigración y el regreso de la riqueza a la tierra natal a través de la educación.

Sabugo y las majadas recuerdan el mundo pastoril y la antigua infraestructura que necesitaban los viajeros.

Toneyu muestra la extraordinaria geología de estas montañas.

La Portilla de Beza recuerda que aquí hubo durante siglos una frontera natural entre Asturias y León.

Y Amieva representa el otro extremo de aquel mundo, una comunidad cuya historia también estuvo ligada a los caminos que cruzaban hacia la Meseta.

Caminar despacio para entender el paisaje

Quizá la mejor manera de recorrer la Senda del Arcediano sea hacerlo sin demasiada prisa.

Porque esta es una ruta en la que merece la pena levantar la cabeza de vez en cuando y mirar alrededor.

Los hayedos, las majadas, las paredes calizas, los antiguos tramos empedrados y los collados no son simplemente elementos decorativos. Cada uno formaba parte de un paisaje utilizado durante generaciones.

Cuando llegamos a la Portilla de Beza podemos imaginar a los antiguos arrieros cruzando con sus animales.

Cuando descendemos hacia Amieva podemos entender por qué este camino era tan importante para las comunidades de ambas vertientes.

Y cuando llegamos a Soto de Sajambre podemos recordar que, en un pueblo aparentemente perdido entre montañas, hubo alguien que comprendió que el futuro dependía de algo tan revolucionario como que los niños pudieran recibir una buena educación.

La Senda del Arcediano es, en definitiva, una ruta donde naturaleza e historia van de la mano.

Es un camino antiguo, pero no es un camino muerto. Sigue siendo utilizado por senderistas, ganaderos y montañeros, y continúa atravesando exactamente el mismo paisaje que contemplaron quienes lo utilizaron siglos atrás.

La carretera moderna podrá haberle quitado protagonismo.

El GPS podrá haberle quitado misterio.

Y las botas modernas podrán hacer que nuestros pies sufran bastante menos que los de un arriero del siglo XVIII.

Pero la montaña sigue siendo la misma.

Y quizá ahí esté precisamente el encanto de la Senda del Arcediano: caminar por un lugar donde el paisaje ha cambiado muy poco, mientras nosotros podemos permitirnos el lujo de recorrerlo simplemente por placer.

Aunque, eso sí, cuando llegues a Amieva después de cruzar los Picos, si alguien te dice que antiguamente por aquí pasaban carros cargados de mercancías, intenta no responder: «Pues no sé cómo lo hacían, porque yo vengo cargado solo con una mochila y estoy para que me recojan en grúa».

Porque probablemente los antiguos arrieros se reirían bastante.

Por cierto, ¿sabes que tenemos programada una escapada de fin de semana para recorrer la senda del Arcediano?  Infórmate de nuestra Escapada a la Senda del Arcediano

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